La Leyenda de "El Charco"

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Por: Nanin

El Barrio

Un barrio es el microcosmo de una sociedad (anónimo)

En mi barrio los muchachos pobres nos sentíamos importantes por asociación. No es para menos, teniendo de vecinos a personajes famosos como Kid Chocolate, el hombre de la sirena del equipo Habana (Gavilán), a la familia Casuso, y muchos otros no tan famosos pero que el tiempo los convirtió en leyendas: Mayeya (la que dicen mató a Perico), el enano de la escalera, Machete, Tronco e' yuca, los Villalobos, Cepillo (el filósofo) y sobre todo a "Bernardo yo voy contigo" con su eterno saco de yute repleto de aserrín en la cabeza.

No había necesidad de radios. Con solo sentarse en la acera podíamos a las tres de la tarde oír La guantanamera, esa versión cubana de las operas. A Tamakún, Rafles, Lo que pasa en el mundo y a Mamá Dolores, a la cual conocía mejor que a mi propia abuela, con su "mi'yito" en labios mientras esperábamos a que Don Rafael abriera la boca balbuceando alguna tontería. ¿Y los sábados? Esa acústica que producen cientos de radios desafiando la amortiguación de las paredes de madera, nos obligaba a tararear, sin quererlo, esa monótona y rítmica cadencia de la lotería nacional; liderados por Valdés el segundo de Valdés e interrumpidos por Valdés..

En esos tiempos simples no había que preocuparse por la comida, reunir quince centavitos entre amigos era una celebración. Esa cantidad representaba un almuerzo básico entre tres. Acumulados los recursos solo restaba lograr el objetivo culinario sin reyertas pero con ademán autoritario, como corresponde a los lideres, ordenar la salvación del día: " Una frita con tomate, bastante papitas y pan del grande (flauta)"

Y después al caudillo del momento le restaba agregar la humilde y simple frase, que los sencillos y no bendecidos con mente napoleónicas preferían morirse a repetirla en público: "Pícala en tres partes, parejitas por favor."

Demostrado nuestro valer como estadista, el recital del acto continuaba con: "Una Piña Caribe por favor".- y volteando para, a guisa de explicación, orientar  a los presentes en la sabia estrategía: - "Vale un centavo más pero es cuatro onzas más grande."

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Uno de nuestros orgullos, y medio de supervivencia para muchos, eran los puestos de fritas de Nana. Estamos seguro que de haber sobrevivido las fritas, la hecatombe económica que nos afectó, MacDonald tuviera que discutir en la palestra el uso del pimentón, o pagar los réditos necesarios, y tendríamos además al Mejicano Jr,o Néne, como presidente de la franquicia "El Mejicano". Siempre tuve la curiosidad de saber de donde salió lo de "mejicano" porque según tengo entendido,los dueños no eran descendientes de mayas, aztecas o nada remotamente cercano a México, los ascendientes de estos, eran de origen asturiano y mestizo.

Mi barrio no tenía nada que envidiarle a ningún lugar del mundo. Abundaban los sitios privilegiados: teníamos "El Canal", "El Batey", "La Siguanea" y muchos otros de menor clasificación que llamábamos:pasajes y asesorías. Según la lingüística arquitectónica habanera, un solar es un batey, un pasaje es un solar con una sola hilera de habitaciones, una calleja es una calle y una calle es una avenida. Esto contribuía a un mejoramiento social para aquellos que conocíamos el intríngulis metropolitano y la catástrofe del catastro.

 

 

En nuestros predios se destacaba el estadio de pelota, conocido como "El Stadium del Cerro" el cual últimamente (por gracia de la osmosis político-demagógica) ya no es del Cerro, sino de cualquier país del continente americano con una que otra frase latina en el lenguaje y que dándose por aludido,lo reclame.

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Debemos reconocer que aunque no contábamos, sí disponíamos, de ciertas instituciones encargadas de regular el derrame de orgullo, y para ello se contaba con los medios físicos apropiados. Entre ellas se destacaban: la sección motorizada de la policía nacional, con más carros privados que perseguidoras, y la congenial décima estación que según vox populi hacían pópulo bárbaro y de ahí el nombre de décima. Los niños en aquel entonces pensábamos que se debía a que el jefe del negocio, Abejón Puñal, ponía a cantar a cualquiera. Con el tiempo descubrimos que era la número 10 de La Habana y que los empleados de la misma no mostraban inclinaciones musicales.Los niños crecen. Aparentemente.

Nos pertenecía "La Covadonga", el Parque zoológico, el bosque de La Habana,(donde los árboles se han vuelto flores), el Parque de la Ceiba, la maderera, los chorizos "El Miño" y para acompañarlo: Salutaris, Materva, Ironber, (se pronunciaba Iron-ber)y para los adultos teníamos La Tropical. Es importante notar que nunca consideramos a la Coca-Cola como nuestra (hmm) y por lo tanto no nos hubiera importado que se la llevaran (o re-ubicaran zonalmente).

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Hubo miles de lugares que fuimos perdiendo pedazo a pedazo, por culpa de la codicia, no del capital extranjero como proclamaban, muchas veces con razón, los conocidos miembros del PSP, sino del malcriado barrio del Vedado. Y también a la envidia que despertamos en la vieja Habana, la cual pretendía (y logró) maquillarse a nuestras expensas.

¿Nuevo Vedado? por lógica debió llamarse ¡Nuevo Cerro! o al menos Extensión del Cerro, Ampliación del Cerro (sí seguro.) Estábamos dispuestos a negociar, aceptaríamos, inclusive Cerro Garden si esto podía satisfacer el sajonismo eterno de nuestros lideres... pero no, los padres de la patria, inclinados al uso de nombres y frutos prohibidos, decidieron duplicar el nombre "Vedado" en nuestros más bellos lugares, arrancando de un viandazo nuestras fuentes de orgullo.

Esta actitud gubernamental no creó una nueva ciudad. Creó un nuevo léxico infantil cerrino. Palabras como: separatismo, aislacionismo, embargo, etc. pasaron a ser de uso común. Y lo que es peor... Algún agitador temporario, de esos que asisten a mítines o a iglesias para sentirse acompañados y partes de la sociedad, gritaba:"Hay que separarlos, hay que aislarlos, hay que embargarlos..hay que desc..." Nosotros nos animábamos pensando: "El Cerro tiene la llave, nadie nos la puede quitar." Nuestros ambiciosos y envidiosos coterráneos encontraron un medio de reducirnos: ¿El Cerro tiene la llave?, ¡pues a quitársela!...Y a esa misión se lanzaron.

¡Como si agregando el bosque a su ya extenso mapa, en este pudieran borrar la sombra del cementerio que acapara su esquina!

Pero no era suficiente,las fuerzas enemigas del barrio se aferraban a la más cubana de las consignas: "Hay que darle candela al jarro, ¡hasta que suelte el fondo!"

Conquistadas las extremidades, entregada a manos extrañas nuestros recursos, despedazado nuestro territorio, ¿qué otra cosa se puede hacer para quebrantar el orgullo de esta gente cerrinas?

Un proceso. Utilizar lindos nombres, no importa que estén vacíos, nadie los revisará. Nombres lindos que no ofrezcan dudas en cuanto a las intenciones,

Con promesas, promesas, promesas. Cívica, Libertad, Martí, Patria, Bandera ..Se lanzaron de lleno a un proceso: Construir la Plaza Cívica. Una plaza que fuera para siempre, no importa el color o el nombre, amarilla, roja, azul. ¿Qué importa el color? siempre y cuando proyecte Cívica, Libertad, Martí, Patria, Bandera.

Destruir y construir ¿dónde termina una y empieza la otra?

Y la fuerzas del Vedado, y las fuerzas de La Habana y las fuerzas del país se unieron. Y comenzó la tarea, con toda la fuerza que pueden producir los equipos mecánicos y la voluntad humana cuando se unen.

No importa que un simple barrio se pierda y se oponga, y menos aún un grupito de gente, y menos, menos aún un grupo de muchachos, y menos, menos, mucho menos un grupito de zarrapastrosos.

Y con ello se empezó a decidir la suerte de uno de los lugares más cercanos a nuestro corazón infantil: "El Charco" .

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Haga clic en la foto para ver (por satelite) las zonas de cada grupo en las décadas 40-50s

Pandillas

Dime con quien andas y te diré quien eres (anónimo)

Según la leyenda, las pandillas del Cerro (el nombre de pandillas para los muchachos en aquel entonces no tenía el mismo sentido que se le dio años después, era más bien proveniente de aquella famosa serie de aventuras cinematográficas que en inglés se conocían como "My Gang" y que en forma alguna desplegaban matices de crueldad o abusos, solamente egoísmo y orgullo local.) eran una especie de mercado común europeo. Cada grupo fijaba acuerdos con otros utilizando el poder (económico o lo que fuera) como balanza. Lo cual causaba lo que es natural produzca una balanza, desequilibrio. Esto daba por resultado que un grupo predominara sobre los otros y de esta forma pudiera ejercer la autoridad necesaria para mantener la paz. Esto funcionaba muy bien hasta que un grupo rival se consideraba mejor que el resto y... vuelta a empezar.

Las pandillas de "San Cristóbal", el "Parque", el "Canal" y "Arzobispo" siempre estaban luchando por la supremacía en el barrio. La tensión aumentaba dada la cercanía territorial entre ellas. El territorio no estaba delineado por factores geográfico, sino de una forma superdemocrática, es decir la residencia de uno de los integrantes del grupo era una "marca territorial", al estilo de los gatos meando por las esquinas. (De ahí nace aquello de que "el que más mea".) Y el sistema funcionaba gracias a la negación de la física, es decir opuesto a la ley de inducción y de magnetismo.

Claro que nunca faltaba un cometrapo que marcaba un territorio lejos de su grupo y tan separado como La Habana pudiera estar de Moscú. De más está decir por las que pasaba ese infeliz.

Los grupos mencionados, se decía eran los más importantes en la barriada del Cerro, y no es para menos. El Parque contaba con "Spikini", un héroe de todo el barrio gracias a su habilidad con los patines, " Mayeya" un pichón de guapetón (con cara cortada y todo) y un corazón muy noble. Contaba además con la tropa 8 de los Boy Scouts, la cual era una especie de puente en la transición de niño bitongo o mata-perros (según el caso) a ciudadano "respetable". El guía espiritual del área era en aquel entonces monseñor (luego cardenal) Muller.

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El símbolo del Parque era la ceiba, un árbol semi-sagrado que se yergue frente a la misma iglesia del Salvador que era a su vez el símbolo secundario . La ceiba y la iglesia siempre estaban repleta de ofrendas. En la ceiba para los orishas y en la iglesia para todos. Todo esto contribuía a la atmósfera empírica que afectaban los muchachos del Parque. No era una tarea fácil imponerse a este grupo. El tratar de luchar contra "el Parque" era competir contra lo sobre-natural.

"Arzobispo" no era menos. Aparte de contar con todo un equipo beisbolero "Las Estrellas de "Arzobispo", tenían a su favor "La Covadonga" de la cual se decía que a menos que fueras de "Arzobispo", te daban solamente palmacristi por medicina. Y en el chachareo infantil se nombraba con respeto a este lugar, "el Parque" no podía utilizar sus poderes divinos contra ellos, el nombre los protegía de cualquier daño. Y se decía además que las galletas "Aurora" poseían una tormenta venenosa y secreta que solamente los muchachos de Arzobispo podían desencadenar o detener a su antojo.

"San Cristóbal" era la líder. Aparte de tener un patrón respetado, casi todo el poder se basaba en recursos humanos. La "Siguanea" aportaba, a falta de calidad, una fuente incalculable de "fiñes" y estos a su vez estaban unidos, por fe y esperanzas, a otros inquilinos de "solares" y desde luego cuando la ocasión lo requería se solicitaba la ayuda del "Batey". Con "El Batey" había que tener cuidado. Según las malas lenguas, el juzgado del Cerro lo pusieron al lado de esta ciudadela para que el gobierno ahorrara en transportación. "San Cristóbal" tenía además a los "Villalobos" los cuales a su vez poseían un solar familiar y privado. Y si todo esto fuera poco; contábamos con la comparsa "El Alacrán".

El "Canal" era la cenicienta del grupo. Solamente aportaba esperanzas de fama y apoyo moral. Los palestinos del Cerro. Sin un santo patrón y encima de todo ello con su Meca (la Ceiba) de las cuales eran los mayores benefactores, en territorio enemigo. Por el precio apropiado se les podía ver en peregrinaje a "Meca" escoltados por los judíos de "San Cristóbal". Los niños del "Canal" estaban más interesados en un café con leche que en defender territorios. ¿Quién los culpa? Siempre oí decir que el canal (del cual derivan el nombre) lo habían fabricado para que la gente no saliera (una especie de muralla china) y los huecos debajo de la estructura eran para pasar contrabando de todas clases. Una verdadera muralla china.

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El Charquito de Ayestarán

El que no sabe nadar, se ahoga hasta en un charco de agua. (anónimo)

El Charco era lugar de reunión para los osados. Se podía divisar desde la hermita de los catalanes. Era una especie de Casino Deportivo con asientos naturales. La admisión era casi gratuita, dependiendo en las buenas piernas para llegar primero y en la experiencia con los puños para reclamar el derecho a zambullir el cuerpo en las sombrías y tibias aguas.

"El Charco" tiene su lugar en la historia. La misma historia que cuenta sobre la terminal de ómnibus, el bidet de Paulina o el canal. Un anal en algún remoto archivo, alcanzable solamente a los eruditos y los gurus en el arte de revolver, para recordar, para aprender.

Gracias al "El Charco" aprendimos el significado de política, el sentido de la diplomacia, la fuerza de la palabra, el valor de la libertad de expresión. Y como hacer dinero con principios. Es decir, como vender nuestras ideas al mejor postor. Aprendimos el verdadero significado de: "No hay oídos sordos, solamente voces débiles" . Y vimos, sin aprender, como la "guerra bacteriológica" es un arma eficaz para un "enjuague cerebral".

Uno de los lugares donde comenzaban las peores algarabías era en "El Charco" , todos honestamente sabíamos que "El Charco" pertenecía a Ayestarán, pero como nadie del lugar lo reclamaba, buenos ciudadanos al fin, todos queríamos tener el derecho a controlar la vía conductora al refresco corpóreo. La edad promedio era entre 8 y 11 años. Niños. Ignorantes al extremo, tomando en consideración que venerábamos un charco de agua en una isla que está rodeada de mares, valga la redundancia, pero si tratamos de pensar infantilmente (lo cual no es tan difícil basado en experiencias) ¡ mejor nadar en "El Charco" que ahogarse en la Zanja Real !

Para hacerse una idea de lo que representaba "El Charco" para los chiquillos, basta analizar lo que representa el "Cañón de Gibraltar" para las realezas europeas. Cuando esto sucede entre personas mayores, diplomáticos, estadistas y sabihondos, y todo por un cañón que no suena. ¿qué se puede esperar de un grupo de mocosos?

Al enterarnos del aplaudido plan que el Ministerio de Obras Públicas comenzaba a implementar. Y percatándonos que la primera medida consistía de un anuncio en el cual se veía : "Prohibido Bañarse y Merodear" fue como ver la luz por primera vez. Percibir, más que realmente entender, que nos encontrábamos frente a un enemigo común.

Todas las pandillas (que tuvieran representación acreditada del Cerro) resolvieron sus famosas dificultades territoriales para juntos defender "El Charco" , al cual consideraban como una especie de patrimonio nacional. Se acordó un pacto de no-agresión y ayuda mutua con el solo proposito de evitar la fomentación y construcción en el área de "El Charco", Ayestarán, la cacareada Plaza Quién Sabe. Como arma de rebeldía, utilizar todas las medidas apropiadas e inclusive inventarlas, sin excluir, pero solamente en casos extremos o para defensa personal, el lanzamiento de piedras y objetos a los inocentes obreros.

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Vinieron las aplanadoras, los obreros, las comparsas, los vendedores de maní, los Saif Yapor, los Gutiérrez y... la policía. Vinieron fotógrafos a cubrir la noticia del comienzo de las obras, redactores sociales para describir la vestimenta de los presentes, poetas a inspirarse, carteristas a aprovecharse. Los amotinados, sin cartelones, sin altavoz y algunos sin vestimentas, empezaron a ejercer el parvulismo irritante que enloquece a los adultos, y estos últimos decidieron marcharse, para no tomar partido.

Una cosa tan simple y efímera no justifica el perder una noche de fiesta en el Miramar, o el Lawn Tenis, o la playa de Marianao, por lo tanto la gente no se enteró. Bohemia no cubría cosas que no fueran políticas, Carteles no se enteró de que había construcciones, mucho menos de donde. Juan Amador no pudo asistir, buscaba donde hospedarse. Se armó una guantanamera, pero aunque Joseito Fernández visitaba los solares, buscando por marido y mujer rompiéndose las narices, donde estuvieran los muchachos, producto de esas parejas, y muchas veces de esos pescozones, eso no era importante. No era "típico" o de interés nacional.

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Pero los chamacos seguían desafiando los letreros de "Prohibido Bañarse y Merodear". No era un desafío para ser visto, o de propaganda, ni siquiera de protesta. Era un ensayo en libertad de expresión y acción. Un síntoma social pero no de la importancia de una mujer matando un tipo en un yate, o uno meando en la cabeza de una estatua, ni siquiera tan importante como el último número de la bolita.

Por varias semanas, el grupo, cada vez más reducido, seguimos visitando "El Charco". No hubo hostilidades, ni muertos, ni tiros. Solo risas, expresiones de solidaridad y consejos para "los amotinados".

Pero un sábado encontramos algo que nos paró en seco: Tres carcasas de puercos, infladas y asquerosas, flotando en "El Charco". No había policías, ni trabajadores, solo las moscas como viudas dolientes tratando de dar un último abrazo al cuerpo amado.

Ahí terminó todo. El placer de sumergirse en el agua prohibida no compensaba el disgusto producido por la escena.

Y la guerra se perdió. Y con el tiempo nos alegramos. Nos alegramos que la estatua de Martí, la biblioteca nacional, la terminal de ómnibus y tantos bellos edificios se levantaran donde habíamos luchado por evitarlo.

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En definitiva, estábamos equivocados.

Rectificar es de sabios (¿anónimo?)

Pero el tiempo fue pasando, y muchos quisieron no ya defender "El Charco" sino destruir toda la Plaza. Porque la consideraban de ellos, o porque es de ellos, o porque se creen les pertenece a ellos. Eso no lo se.

De lo que estoy seguro es que debajo de la "Plaza XXX" (nombre de turno) hay los despojos de tres puercos enterrados junto con el resto de las esperanzas de un grupo de "gente baja" cuya única fuente de amor propio era una sucia hendidura con agua. Esa misma gente que muchos acusan de "haberlo robado todo" a una sociedad permeada de ceguera, ignorancia, ambición y envidia.

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Ustedes se equivocaron, ellos se equivocaron, nosotros nos equivocamos. Tres conjugaciones de equivocación no equivalen a una de certeza.

Han pasado muchos, muchos, muchos años y nada ha cambiado, ya de "El Cerro" no quedan ni las pandillas. Ni la llave. ¡nos han quitado hasta la puerta!.. y del jarro ¡ni el asa!

La gente del Cerro, como la Siguanea, el Canal y el Batey están casi vacíos. Ni un ápice de orgullo. Solo nos falta ir al malecón a tratar de bucear kilitos prietos. Ya aceptamos la derrota.

Nanin, marzo 1998